El argentino Juan Martín del Potro, presente por primera vez en su carrera en la final de un Grand Slam, acabó con el mistismo del suizo Roger Federer, Nº1 del mundo , vencedor de los últimos 5 US Open, y ganador de 15 G.S , hizo historia en el tenis mundial tras derrotarlo en 4 horas y nueve minutos por 3-6, 7-6(5), 4-6, 7-6(4) y 6-2).
El tandilense entró en los libros y su nombre quedará inscripto en el trofeo junto a glorias como John Mc Enroe , Jimmy Connors , Pete Sampras , André Agassi , aparte de ser el segundo argentino en ganar el Abierto , delante del gran Guillermo Vilas cuando lo ganó en 1977, cuando se jugaba en Forest Hills sobre arcilla.
La emoción contenida del joven sudamericano estalló cuando Federer lanzó fuera su golpe de derecha, cansada, . Del Potro se echó al suelo. Se cubrió la cara con las manos y lloró. Felicitó a su rival sobre la red y corrió hacia su palco. A abrazarse a Franco Davin, su guía. El mismo que dirigió a Gastón Gaudio hacia el éxito en Roland Garros, en 2004. En el último éxito, hasta ahora, del tenis argentino.
El tenista de Tandil, que el próximo 23 de septiembre alcanzará los 21 años ya como Nº5 del mundo, devuelve al tenis argentino al plano principal del tenis mundial.
Del Potro pagó de inicio su inexperiencia en una final. A la que entró como novato. Un escalón más para una raqueta que ha tomado impulso, plagado de condiciones. Era la 21ª cita con un título para Federer.
El semblante del tenista de Tandil, el octavo más joven en la historia del Abierto de Estados Unidos en buscar el éxito, nada tenía que ver con el talante y el desparpajo que mostró frente al español Rafael Nadal en la víspera. No soltó el brazo hasta bien entrado el partido. Y en los momentos cumbre decayó. Como en el tramo final del tercer set. Cuando al saque regaló el parcial a su rival con dos dobles falta consecutivas.
Mucho tenía que ver en eso los antecedentes. Las seis derrotas en seis enfrentamientos que el argentino había sufrido ante Federer. A pesar de que el equilibrio con la que hizo cara a la más reciente, en Roland Garros, reforzó su autoestima a pesar de la derrota.
Del Potro, lleno de dudas, tiró el primer parcial y ya no reapareció hasta el ecuador del segundo. Para entonces ya había dado un break al suizo, que circulaba con el viento a favor, como le gusta. Excesivamente sosegado, sobrado.
En cuanto el sexto representante argentino en alcanzar una final del Grand Slam en la Era Open, tras Guillermo Vilas, Guillermo Coria, Gastón Gaudio, Mariano Puerta y David Nalbandián, se soltó, el panorama cambió para el helvético, obligado a encarar la pelea.
Del Potro asumió el cuerpo a cuerpo y su primera rotura del partido, en el 10° juego, con dos pases de derecha (5-5). Metidos en el desempate el sudamericano tiró de argumentos. Saque y diestra invertida, potente y a la línea. Ganó el set y alteró a su rival, que buscó justificaciones alrededor de la zona de juego.
Del Potro perdió definitivamente el respeto a su rival. No hubo ya muestras para la galería ni gratuitas escenas plásticas bendecidas por un contrario inexperto. Hubo miradas al juez y caras destempladas. Desconfianza.
En plena efervescencia, el tenista argentino empezó a jugar. Soltó el brazo y levantó el puño. Inclinó el partido a su favor. Pero cuanto más cerca lo tuvo, se desvió. Dos dobles faltas lo condenaron a la derrota del set con Federer al resto. Lo invadió la presión.
Federer, que afrontaba su séptima final consecutiva en un Grand Slam, recuperó el sosiego aunque su situación no mejoró. Su automatismo lo traicionó cuando Del Potro tiró de heroica. Porque nunca se dio por vencido y obligó a la lucha a su rival, exigido a buscar alternativas más allá de la rutina. Soluciones en la red y desahogo con el saque.
El argentino, que nunca dio por perdido el partido, llevó a su rival al límite. Lo arrastró al desempate del cuarto parcial, que tiró el partido hacia el set definitivo tras un tie break que reflejó la frescura del argentino y la desesperación del rival.
Juan Martín del Potro se agigantó en el quinto set. De entrada rompió el servicio de Federer, errático con la derecha. Excesivamente. Rehuido de los intercambios largos. El argentino se amarró a la situación. Única en su corta historia. El saque le dio tranquilidad mientras el trono del helvético se tambaleaba. Bajó los brazos el suizo, que se alejó de la gloria y de más récords, aún pendientes de batir
ADRIÁN ORDOÑEZ (adrianordonhez@hotmail.com)
Hace 10 horas


















